Adolfo Piñedo Simal
viernes, 27 de febrero de 2009
HIPOCRESIA
Anxo Quintana, Vicepresidente de la Xunta de Galicia, ha ido a navagar en el barco de un empresario que había tenido contratos de la Xunta. El PP ha salido en tromba a pedir la cabeza de Quintana.
Ignacio González, Vicepresidente de la Comunidad de Madrid, ha ido a Surafrica en compañía de un empresario que recibe contratos de la Comunidad de Madrid. El viaje se ha pagado en metálic, cosa que es lo más natural: como todo el mundo sabe, cualquiera tiene en casa, 8.000 euros en billetes para un imprevisto. Cuando se piden explicaciones por este viaje, el PP acusa a quien pregunte de perseguir maliciosamente al Vicepresidente.
Cuando el ex Ministro Bermejo coincide con Garzón en una cacería, el PP monta la tremolina ya que eso es la prueba indiscutible de la colusión entre la judicatura y la política. La Justicia, clama Rajoy, no solo debe ser neutral, sino también parecerlo.
Pero cuando el Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial se reune con Camps en la sede del Gobierno Valenciano (lo cujal no parece siquiera coincidencia) y sale depués atancando a Garzón, al PP le parece bien. La independencia del Consejo no corre peligro, se ve.
Cuando un juez procesa a dos ex alcaldes del PSOE en Ciempozuelos y al susodicho juez se le hace, acto seguido, Director General del Gobierno Aguirre, eso es un enorme refuerzo de la apariencia de imparcialidad de la Justicia. Pero si es Garzón quien instruye una causa qie afecta a algunos miembros del PP, no hay imparcialidad que valga, ya que Garzón fue, en su día, diputado (independiente) en las listas del PSOE. Olvidando, dicho sea de paso, las alabanzas que recibió el mismo Garzón de los máximos dirigentes del PP, cuando, después de dimitir como diputado, instrutó la causa del GAL:
Si un miembro del PSOE es acusado de algo, el PP exige explicaciones a la Dirección del PSOE. Aquí, no hay presunción de inocencia. Cuando ocurre lo mismo con un miembro del PP lo que ocurre es que hay una persecuaión contra el PP. Y, naturalmente, ningún dirigente da explicaciones invocando la presunción de inocencia.
Como se ve, nada nuevo bajo el sol de España: solo la hipocreía tradicional de la derecha de toda la vida.
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