Adolfo Piñedo Simal

viernes, 25 de abril de 2008

BALANZAS FISCALES

En un Estado compuesto como el nuestro, dar a conocer los efectos redistributivos de los ingresos y gastos de la Administración Central es de interés. Por eso, varias instituciones vienen publicando las balanzas fiscales de las Comunidades Autónomas desde hace años. Desde Cataluña se reclama que sea el Gobierno quien publique este dato. Que así lo haga, contribuirá a la transparencia y, por eso, hay que estar a favor de su cálculo y publicación. Claro que los expertos no se ponen de acuerdo en el método para calcular balanzas fiscales, lo cual puede dar lugar a diferencias cuantitativas, aunque, probablemente, no cualitativas.

Lo que las balanzas calculadas hasta la fecha dicen es que las Comunidades con mayor nivel de renta son deficitarias y las de menor nivel de renta obtienen superávit. En medio queda un grupo de Comunidades que muestran equilibrio en la balanza. Hay dos importantes excepciones:  Navarra y el País Vasco. En definitiva, hay una transferencia de recursos desde los territorios más ricos a los menos favorecidos (con la excepción ya dicha). Es un efecto reequilibrador lógico.

La primera cuestión que se plantea es si este flujo está contribuyendo a una nivelación de la riqueza entre territorios. La respuesta es que sí. En efecto, basta analizar la evolución de la renta regional per cápita media desde la llegada de la democracia para apreciar un continuo estrechamiento del abanico entre la más rica y la menos rica. Es decir, el flujo está siendo eficaz para el reequilibrio. Cierto que la diferencia es aún grande, pero, desde luego, es mucho menor que hace diez, veinte o treinta años.

Publicar las balanzas fiscales debe contribuir a despejar algunos prejuicios. Cataluña es una Comunidad solidaria, por lo que, bueno sería que se acabara, de una vez, con el prejuicio anticatalán. Del mismo modo, Madrid resulta otra de las Comunidades deficitarias, lo que debería ayudar a acabar con la falsa idea de que solo Cataluña contribuye..

No debería haber ningún resquemor en las Comunidades menos ricas por obtener superávit fiscal. Lo que se exige de ellas es que aprovechen los flujos para recuperar una falta de desarrollo que no viene de ahora, sino que hunde sus raices en la historia.

 El reequilibrio entre territorios no debe entenerse solo como una cuestión de mera solidaridad. Es, sobre todo, una cuestión de inteligencia o de egoismo inteligente si se quiere. El desarollo de Madrid está ligado al desarrollo de las regiones que nos rodean. Si se mantuviera a tres cuartas partes de España en el subdesarrollo, eso sería una rémora para el otro cuarto. En realidad, los flujos que reequilibran deben entenderse como una inversión que, a la larga, ayudan también al desarrollado.

Las balazas fiscales muestran tan solo un aspecto de las causas que determinan la "riqueza de las regiones". Si un individuo paga muchos impuestos es porque es rico y lo es no en razón a los impuestos que paga, sino por otras razones bien distintas. Del mismo modo, las regiones ricas lo son por beneficiarse de otros flujos que no tienen tanto eco como las fiscales. No vaya a ser que pensemos que es bueno tener superávit fiscal.

Hay que notar también que los déficits/superavits fiscales son, por una parte, consecuencia de mecanismos explicitamente diseñadas para buscar el reequilibrio (FCI, FEDER, FC, etc). Pero por otro, es la consecuencia en el territorio de reequilibrios de renta interpersonales (sistema impositivo, pensiones, etc). Como ejemplo de esto último, se puede ver lo que sucede con las pensiones. Los activos pagan las pensiones, luego, es seguro que activos de las regiones con más tasa de actividad crearan un flujo hacia las regiones que tengan, proporcionalmente, más pensionistas. Quien quiera corregir esos flujos solo tiene que romper la Seguridad Social y proponer que haya 17 pensiones diferentes. O que las cotizaciones y las pensiones bajen. En definitiva, puede (y deben) ponerse en cuestión mecanismos expresos de reequilibrio (FCI) pero no modificar mecanismos de redistribución interpersonal so pretexto de reequilibrios interterritoriales.

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