Adolfo Piñedo Simal
miércoles, 27 de febrero de 2008
LE PEN EN ESPAÑA
Lo que mas me asombra del debate del lunes pasado es la precisión y concisión con que Rajoy defiende las mismas posiciones que Le Pen en materia de inmigración. No hay ninguna diferencia. Solo que Le Pen encabeza un partido de extrema derecha, así reconocido por todos, y Rajoy está al frente de un partido presuntamente de "centro derecha", homologado con los partidos tradicionales de la derecha europea.
Se podrá pensar que estamos ante una posición instrumental, encaminada a debilitar el voto de la izquierda en los barrios populares, los que concentran mayor número de inmigrantes. Puede ser. Pero el caso es que, en política, todos somos lo que decimos, es decir, cada uno somos nuestro discurso.
El PP se ha ido configurando a lo largo de estos años como un partido conservador, cierto, pero entreverado de posiciones de derecha extrema cada vez más notorias. Lo de Rajoy ha sido un paso más para destacar esas vetas. Es la continuación de la obra de Aznar. Éste se las ha arreglado para ir ahormando el partido a un cuerpo de doctrina (la derecha sin complejos) que se basa en una revisión de la transición en el sentido de corregir "excesos", en concectar con el pensamiento neocom y en ir colocando piezas, una a una, del pensamiento de la extrema derecha. No es de extrañar que ésta, tras largos años de ecplise, haya resurgido en las manifestaciones que el PP ha protagonizado en esta Legislatura.
La garantía para que esta deriva no redunde en una dispersión del voto propio es la descalificación global y sin matices del adversario político. Así, el PSOE ha sido descrito a lo largo de esta Legislatura como el artífice oculto del atentado del 11M; el partido que comparte el mismo proyecto que ETA, a la que está subordinado; el partido que pretende al ruptura de España y otras lindezas por el estilo. Se trata de considerar ilegítimo el Gobierno del adversario, ante lo cual, los excesos propios son pecata minuta.
No es fácil que esta deriva cambie tras el 9M. Por eso, la izquierda ha de sacar las conclusiones oportunas, sea cual sea el resultado electoral.
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