Adolfo Piñedo Simal
viernes, 21 de septiembre de 2007
TEORIA DEL AGRAVIO COMPARATIVO
La derecha ha llevado a sus más altas cumbres uno de los rasgos típicos de este país: el agravio comparativo. Si uno se entretiene en seguir las declaraciones del PP respecto de la inversión del Estado en la región X encontrará que, según la derecha, el Gobierno discrimina a dicha región porque la región Y está mejor tratada. Pero si va a la región Y, el PP local dirá que el Gobierno discrima a Y porque la región Z está mejor. Y así sucesivamente. Si se leen las declaraciones del PP en las 17 CCAA resulta que todas ellas serán discriminadas por el Gobierno en favor de otras regiones. Lo único que varía es el argumento. Si el PP está en el Gobierno Regional la causa será que el Gobierno castiga a los ciudadanos de esa Comunidad por haber votado al PP. Pero si el PP está en la oposición, el argumento es que el Gobierno se lleva las inversiones a las regiones donde el PSOE está en la oposición para obtener votos.
Poco importa que sea matemáticamente imposible que el Gobierno discrimine a la vez a las 17 CCAA. De lo que se trata es de hacer creer en cada CCAA son ellos, precisamente ellos, los perjudicados en beneficios de otros. Los "otros" serán los que atraigan más antipatías. En unos lugares son los vecinos los que reciben un trato de favor. En otras regiones, somos los de Madrid, que nos llevamos la parte del león de la inversión. Aquí, en Madrid, son los catalanes los antipáticos que nos quitan lo nuestro. El PP madrileño lleva cuatro años sembrando odio contra Cataluña con el evidente propósito de atraer votos alentando el prejuicio anticatalán, bien presente en una parte de la población. ¡Así se defiende la unidad de España!
El ejemplo más reciente ha sido la respuesta del Gobierno Regional al acuerdo del Gobierno de España con la Generalitat sobre la inversión en infraestructuras. Sin esperar a ver cuanta inversión hay para Madrid, ha bastado que suba la inversión en Cataluña para poner el grito en el cielo y desatar la campaña de la discriminación. Es decir, lo que reivindica el PP madrileño es que no crezcan las inversiones del Estado en Cataluña. Con eso se conforman. El hecho de que las infraestructuras catalanas estén hechas una ruina (como reconoce casi todo el mundo) no parece que sea un dato interesante para los adalides de la unidad de España. El único dato que importa es cuanto suben las inversiones en Cataluña.
Los ardientes defensores de la enseña patria tampoco tienen empacho en mostrar una gran coherencia en defensa del interás general. En Madrid no están de acuerdo con que los Estatutos recojan clausulas sobre inversión del Estado. Pero eso no es óbice para que en Baleares y Andalucía hayan aprobado claúsulas de ese tenor.En Cataluña, el PP apoya el acuerdo Gobierno-Generalitat, el mismo acuerdo que critica el PP de Madrid. ¿Pero no quedamos en que se trataba de defender el interés general?
En definitiva, politiquería. Y lo que es peor: alimentar las antipatías contra otras partes de España para intentar captar votos. Lo que siempre ha hecho la derecha.
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